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LA NASA DESCUBRE UNA NUEVA CONSECUENCIA DE LOS INCENDIOS DEL AMAZONAS

LA NASA DESCUBRE UNA NUEVA CONSECUENCIA DE LOS INCENDIOS DEL AMAZONAS

Los incendios tienen consecuencias obvias, como la pérdida directa de flora y fauna de la zona afectada, además de la destrucción de hábitats, que afecta a la proliferación de las especies que normalmente viven en ellos. Sin embargo, también pueden conllevar resultados que, aun sin verse a simple vista, llegan a ser incluso más preocupantes.

Por ejemplo, este es el caso de la liberación de las reservas de carbono del suelo que está comenzando a darse a medida que el fuego se extiende masivamente por el Ártico. Ahora, la NASA ha detectado otra peligrosa consecuencia, aunque esta vez no lo ha hecho en los bosques boreales, sino en el Amazonas, donde cientos de miles de hectáreas han ardido en los últimos días. Se trata del aumento de los niveles de monóxido de carbono, un gas que, sin clasificarse como “de efecto invernadero”, puede afectar muy negativamente, tanto al cambio climático como a la salud de las personas que habitan en torno a los lugares afectados.

El monóxido de carbono (CO) es un gas que se libera cuando una sustancia compuesta por carbono se quema en presencia de una cantidad insuficiente de oxígeno.

Es el responsable de las famosas intoxicaciones por brasero de carbón, que se dan cuando se utilizan este tipo de utensilios en habitaciones mal ventiladas. Si se inhalan grandes cantidades de este gas, algo habitual en entornos cerrados, puede ingresar en el torrente sanguíneo, en el que se une a la hemoglobina, impidiéndole que transporte el oxígeno como normalmente hace. Como resultado, las células no se oxigenan correctamente y comienzan a generarse una serie de síntomas entre los que destacan mareos, náuseas, dolor de cabeza, irritación ocular y de las vías respiratorias e incremento de las frecuencias cardiaca y respiratoria. Además, si no se detecta a tiempo, en los peores casos puede llegar a producirse la muerte.

Aunque es más frecuente su liberación de esta forma, también es común su presencia en las emisiones de los incendios forestales. Normalmente ocurre en concentraciones bajas, que solo suponen un riesgo para los bomberos que se encargan de apagarlos. Sin embargo, en el Amazonas estos niveles están posicionándose muy por encima de lo que se considera habitual.

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